Publicidad inteligente, ¿realmente entendemos el concepto?

¿En qué piensas cuando escuchas la idea de “publicidad inteligente”? Tal vez vengan a tu mente imágenes de sensores inteligentes que activarán la interacción de un robot que te da la bienvenida a un moderno Mall y te pregunta por tus posibles intereses para que finalmente te dirija a una de las tiendas que está programado a publicitar.

Y sí, esta idea podría resumir un poco el concepto, porque busca usar lo más reciente en utilidades tecnológicas con la intención de crear impacto, necesidad y recordación en torno a una marca o concepto. Sin embargo, queremos analizar el papel que el polifacético carácter de la tecnología, puede ejercer en torno al concepto que analizan estas líneas. Es importante ver todas las posibles vertientes que la publicidad inteligente puede explotar, y cómo podemos usarlas sabiamente.

¿Publicidad inteligente vs “tecnología plástica?

Desde hace ya varios años, avances tecnológicos han permitido tener sensores que registren ciertas actividades y señales sensoriales para, en cambio, generar ciertas respuestas. Para 2014, ya se había desarrollado un auto prototipo con un casco que “medía” el grado de atención que el conductor estuviese prestando al camino y, en base a esto, reducía la velocidad del vehículo. De hecho, este mismo tipo de sensores se habían adaptado al volante, y en otro caso, se habían adaptado monitores de latidos en el asiento del piloto de uno de estos coches para registrar percepciones y analizarlas luego.

Otro ejemplo de la búsqueda de registrar y analizar datos no lingüísticos lo constituye cierta mesa que modificaba su altura teniendo en cuenta las calorías que una persona quemaba. Esta mesa (que tiene unos años ya como producto ya existente en el mercado), pretende “cambiar las cosas un poco” para el usuario, convirtiendo una aburrido pero útil mueble en un “banco de ejercicios”. Todo esto hecho en base a información obtenida de los demás sensores que vienen estando presentes en nuestra vida desde hace ya unos años (GPS, Google Maps, el velocímetro de nuestro equipo móvil, y demás).

Veamos solo un detalle extraído de estos ejemplos, Si nuestro entorno físico viene llegando a este nivel de “plasticidad tecnológica”, las posibilidades de hacer mal uso de estas tecnologías son muchas. Viendo que nuestros dispositivos “inteligentes” pueden adaptarse a nuestros sentimientos, ¿qué pasa con la publicidad?

¿Qué tan delicado es este conocimiento?

Lo que buscamos tener siempre en cuenta es que, gracias a la alianza entre tecnología y datos a los que tenemos acceso, se pueden generar mensajes publicitarios que tengan un destinatario preciso. Así tenemos ante nosotros valiosas oportunidades de conversión pues se convierten en clientes a los que otrora eran audiencias impredecibles. Pero, al mismo tiempo, el mensaje publicitario se está volviendo peligrosamente intrusivo. Y esto, puede “matar” el concepto de utilidad de nuestra marca, servicio o idea.

Siendo que esta ‘personalización’ de mensajes ha revolucionado el mercado con su combinación de alcance masivo de los medios y lo direccionalmente agresiva que es, tenemos ante nosotros una poderosa arma de doble filo que debemos tratar con mucho cuidado. De modo que, ¿Es realmente “inteligente” la llamada “publicidad inteligente”? O, de todas maneras, ¿Debe seguirse considerando con juicio humano las facilidades de la comunicación de acuerdo con un lugar, un momento o un dispositivo del consumidor? Es una cuestión difícil de abordar sin afectar ciertos intereses, pero que, a su vez no podemos dejar sin atención.

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